VOLVER LA MIRADA SOBRE EL DEPORTE


Dos noticias recientes me han hecho volver sobre la cuestión del deporte: la primera hablaba de las restricciones horarias –luego retiradas– que el ayuntamiento de San Sebastián había impuesto a los usuarios de la “tarjeta social” (parados, jubilados) en el uso de los polideportivos municipales por la saturación que se producía en sus instalaciones. El hecho es que uno de cada tres donostiarras (cerca de 58.000 personas), está abonado a la tarjeta deportiva: todo un record. La segunda noticia era un reportaje sobre las últimas tendencias en la práctica deportiva publicado por El País. Su título: “Los efectos negativos de correr enormes distancias”. http://elpais.com/elpais/2016/01/27/buenavida/1453898028_523925.html  Se está extendiendo la práctica de correr distancias por encima de los 42 kilómetros del maratón (carreras de varios días como la que se hace desde Italia a Noruega, con 4.500 kilómetros a recorrer en dos meses). Lo que me llamó la atención aquí fue el tratamiento de la noticia, pues lo que hace pocos años se hubiera cuestionado, era tratado ahora con respetabilidad.

Largas distancias

Apoyándose en investigaciones serias, se explica en dicho artículo que, en estas carreras, la masa encefálica se reduce un 6’1%; los tobillos y las rodillas se deterioran; que se producen alucinaciones y que, a partir de un punto, existe peligro de rabdomiolisis, una grave insuficiencia renal. Pero, tras hablar de estos efectos, se añade inmediatamente que la reducción de masa encefálica es reversible, lo mismo que la pérdida de cartílago, o que el exceso de oxidación puede ser compensado por el propio organismo o la correcta alimentación. Se nos explican los peligros de semejantes excesos pero, tratándose de deporte, se evitan alarmas o cuestionamientos de base. Y es que el deporte se ha convertido en uno de los asuntos sociales más nobles y respetables, y lo que en un primer momento se consideró una locura puede convertirse pronto en “última tendencia”, y nadie se mete con las “últimas tendencias”. Por poner un ejemplo: el mismo periódico publicaba en 2006 un reportaje de Stephanie Cooperman, traducido del New York Times, titulado Getting Fit, Even if It Kills You (“Ponerse en forma aunque te mate”) http://www.nytimes.com/2005/12/22/fashion/thursdaystyles/getting-fit-even-if-it-kills-you.html?_r=0. En el mismo se comentaba el auge de una nueva tendencia llamada Crossfit en los EEUU, y recogía las palabras de su fundador: “Si encuentras la idea de caerte de las anillas y romperte el cuello tan ajena, no te queremos en nuestra filas”, o, “para mí, forzar el cuerpo hasta el punto en que los músculos se destruyen es un enorme beneficio del Crossfit”. Diez años después, hay centros de entrenamiento de dicha disciplina en cualquier rincón, y es tratada por los medios como algo perfectamente razonable. Tengo la impresión de que con el deporte se repite lo que hace años ocurría con la religión, y de que éste se está convirtiendo en una verdadera “religión laica”. ¿Cómo señalar así su naturaleza perversa?

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escena de la llegada del maratón de montaña Zegama-Aizkorri

¿Estoy hablando, acaso, de esos que, antes de ir a trabajar, salen a correr unos kilómetros, o de los que se animan a una caminata por el monte un día de fiesta? ¿De los que se apuntan con un grupo de amigos para jugar al futbol o a la pelota? Si surgen estas preguntas es por el éxito de una imposición que nos ha llevado a pensar que ejercicio físico, cualquier actividad corporal lúdica y deporte son una y la misma cosa. Sin embargo el deporte, tal como hoy lo conocemos es un fenómeno surgido en el siglo XX. El olimpismo moderno no tiene nada que ver con las olimpiadas de la Grecia clásica y los actuales “deportes de masas” no serían posibles sin la televisión. El deporte contemporáneo, sustentado en el espectáculo y fomentado como válvula de escape para la población urbana, se impone con la industrialización y, con su implantación, se apoya un modelo de individuo disciplinado y productivo acorde con el capitalismo neoliberal. Se nos insiste cada día con que el deporte es salud y que, gracias a él, fomentamos valores para el bienestar físico, psicológico y social. Pero para que estas afirmaciones resulten aceptables se ha logrado antes colonizar cualquier actividad corporal, cualquier juego, y concluir que es “deporte”; lo que significa que todo ha de quedar supeditado a los principios que lo rigen: competición, alto rendimiento, espectacularidad… Y en esta confusión interesada es el propio cuerpo el que queda condenado a someterse al modelo productivo y de rentabilidad de las máquinas. ¿Desanquilosar el cuerpo y gozar de él es “hacer deporte”? Cualquier deportista profesional lo puede desmentir. ¿Con el deporte fomentamos la solidaridad y el respeto? Los deportes, cuanto más “reales”, más se rigen por modelos militares de formación y disciplina: nadie llegará a nada en él sin aceptarlo, por lo que la primera renuncia del deportista es la del disfrute de habitar un cuerpo o de atender a sus mensajes más evidentes o profundos. En palabras de Ignacio Castro, “si, según se ha repetido con frecuencia, el desarrollo industrial está ligado a una contracción anímica y vital, se explica entonces la dificultad del ejercicio exterior (al igual que toda relación directa, también con el afecto o la risa) y la necesidad de estimularlo con la competición… Nuestra frenética actividad física tiene el fin espiritual de blindar el cuerpo, hacerlo impermeable a cualquier contaminación anímica, asegurando que a través de la sensibilidad no entre un desconocido exterior. Igual que en otros campos, lo que se busca en esta modernidad tardía es, no reprimir, sino controlar los sentidos en su misma fuente” (La Explotación de los Cuerpos. Debate, 2002).

futbolAsianiños de Cachemira

        Ante un fenómeno tan devastador en su absoluta normalización, suelo ironizar a veces con que, el lugar de ese tercio que las páginas de la mayoría de los diarios o los informativos dedican al deporte no deberían estar llenos con las crónicas del último partido o las entrevistas a doble página con los deportistas y entrenadores locales o internacionales. Las páginas deportivas deberían ser tratadas en las de Política, Economía o Cultura para informar y opinar desde allí de sus verdaderas implicaciones. El record en afiliados a la “tarjeta deportiva” de mi ciudad se merecería algo así. Pero esto no es más que una broma.

POSTDATA

  1. Este artículo fue enviado a varios diarios de izquierda (Gara, Público) que no han considerado su publicación. Creo que esto dice algo del tabú unánime sobre el tema.
  2. Dediqué al deporte un artículo extenso en Levantar la mirada de 2008. Aquí está disponible: http://www.taichichuaneskola.com/pdf/deporte_levantar_la_mirada_juan_gorostidi.pdf
  3. El deporte ha adquirido tal relevancia que mereció un análisis más que interesante de Peter Sloterdijk en su imprescindible Has de cambiar tu vida. Sobre antropotécnica (Pre-textos 2012). Tras dedicar su primer apartado al “Planeta de los seres ejercitantes”, establece una transición con “No hay religiones: De Pierre de Courbertin a L. Ron Hubbard”, donde hace un paralelismo entre estos dos fundadores contemporáneos: el primero del olimpismo moderno y el segundo de la Iglesia de la Cienciología que comienza así: “Ya es hora de sacar las consecuencias de las indicaciones que hemos venido dando para una nueva descripción antropotécnica de los fenómenos religiosos, éticos y ascético-artísticos”. El artículo completo en http://www.taichichuaneskola.com/pdf/no_hay_religiones_de_courbertin_a_hubbard_sloterdijk.pdf
  4. Publico este post coincidiendo con la muerte del gran Muhammad Alí. El tratamiento que los medios están otorgando estos días a su figura merece ser considerado. Lo haré en la siguiente entrada.



KIROLAZ BESTE, "KIROLTASUNEZ"


Ariketa fisikoaz bizi naizenez, ez zait arrotza kirolaz pentsatzea, eta egun gutxiren bueltan entzundako bi notizien harira izan da oraingoan: Donostiako udalak egin behar zuen kirol txartelaren erabileraren murrizketa –ondoren atzera bota zuena–, lehena: hainbeste dira erabiltzaileak, kiroldegiak gainezka daude zenbait ordutan: kirol-txartelaren jabeak 57.000tik gora omen Donostian, erroldatuen herena; benetako errekorra. Egunkari ezagun batean korrika luze aritzearen inguruko artikuluaren tonuak jo nau bigarrenik: gero eta zabalduago dagoen ohitura batez ari zen, maratoiaren 42 kilometroetatik gorakoaz, Italiatik Norvegiara egiten omen denaz –4.500 kilometro bi hilabetetan–, eta antzeko norgehiagoken ondorioez. Tonuaz diot, orain urte batzuk zalantzan jarriko zena, nolako kiroltasunez tratatua den egunotan antzematerakoan.

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Aipatu artikuluan, hainbat ikerketaren ondorioak komentatzen ziren: kilometro pila korrika egiteak masa entzefalikoaren % 6’1 murrizten duela, oinak eta belaunak kaltetuak gertatzen direla, haluzinazioak ere sortzen direla eta, puntu batetik gora, rabdomiolisi arriskua dagoela, giltzurrunen kalte larriak tartean. Kiroltasunez diot, informazio hori eman ondoren, gauzak “bere onera” ekartzen direlako: murrizketa entzefalikoa itzulgarria da; galtzen edo kaltetzen den kartilagoa, errekuperatu liteke; gehiegizko oxidazioa gorputzak berak konpentsatu ahal du, eta abar. Gehiegikeria batez ari da, bai, baina nola ez erlatibizatu kirolaz ari garenean?

Kirola gauza errespetagarria baita, eta urte gutxi batzuk lehenago erokeriatzat kontsideratua “azken tendentzia” bihur liteke gero, eta kontuz horrekin. Adibide bat: egunkari bereko orain hamar urteko artikulu batean, Crossfita aipatzen zen, AEBetan hedatzen ari zen muturreko joera gisa, eta haren eiteaz aritzerakoan, haren fundatzailearen hitzak ekartzen zituen: “aniletatik jausi eta lepo-hezurra haustearen ideia arrotza bazaizu, hobe duzu guregana ez hurbiltzea”, edo “giharrak hautsi arte geure burua behartzea: horixe da Crossfitaren onuretako bat”. “Modan dagoen crossfit kirol mota berriak Donostia hartu du” zioen EiTBko joan den udazkeneko informatiboak, eta modu guztiz errespetagarrian da tratatua egun medio guztietan: merkatu tendentziak… Garai batean erlijioak zuen lekua kirolak betetzen du egun, erlijio laikoa bilakatuz. Eta garai batean harekin gertatu bezala, nor ausartuko da gurean egungo kirolaren berezko iruzurra seinalatzera?

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Zertaz ari naiz, baina? Garaiz jaiki eta eguneko lana hasi aitzin, lasterka egitera irteten denaz?; edo jaieguna izanda, mendirako txangoa egiten dutenez? Lagunekin futbol edo pilota txapelketetan parte hartzen duten horiez? Ariketa fisikoa, lagunarteko jolasa eta “kirola” gauza bera eta bakarra direla esatea nahita inposaturiko nahasmendua da. Ezagutzen dugun kirol eredua XX. mendean sortutako fenomeno berria da. Olinpismo modernoak ez du Greziako jokoekin zerikusirik, eta “masen kirolak” ezinezko lirateke telebistarik gabe. Industrializazioak ekarritako aldaketek ezarri dute ezagutzen dugun kirol eredua: espektakulua eta negozioa da lehen begiratuan eta, horrekin batera, masen identifikaziorako eta asaskatzerako fenomeno garaikidea.  Baina, hori besterik ez? Horrek guztiak sortzen duen zarata eta kearen azpian bada fenomeno sakonagorik, jendartearen eta norbanakoaren eraikuntzan funtzio garden bat duena. Propagandak mailukatzen digu “kirola” osasuntsua dela, haren praktika txiki-txikitatik sustatu beharrekoa, dituen “onura fisiko, psikologiko, integratzaile guztiengatik”, eta abar. Baina, horretarako, edozein ariketa fisiko, edozein jolas “kirolak” kolonizatua behar du izan. Era honetara, errendimendua eta espektakulua lehenesten duten ariketen menpe itoak geratuz jarduera ludiko guztiak.  Eta nahasketa interesatu horretan gorputza bera –berezko duen mugimendurako eta jolaserako premia eta grina– zikiratua eta bortxatua da, makinei dagokien errendimendu eta produktibitate ereduetara murriztua. Gorputza mugiaraztea eta gozatzea da “kirola” egitea? Edozein kirolari profesionalek ezeztatuko luke hori. Bizikidetza sustatzea? Kirol eredua militarra da, eta konpetentzia gupidagabea sustatzea ezinbestekoa du. Finean, gorputzarengandik –bere sentipen sakonenetatik– urrundu beharrean dago “benetako kirolari” bilakatu nahi duena. “Maiz errepikatu den eran, bilakaera industriala hertsiki dago lotua gogo- eta bizi-uzkurtze batekin; horrek esplikatzen du zergatik egiten zaigun horren zaila kanpo-ariketa egitea, afektuak adieraztea eta bizi-poza sentitzea; eta hauek azaleratzeko etengabeko norgehiagokarekin dugun akuilatu beharra…  Gure ekimen fisiko amorratuak duen helburu sakona gorputza blindatzea da, berau gogamenaren kontaminaziotik libratzea; kanpotik etor litekeen ezezagunenganako sentiberatasun zirrikiturik egin ez dadin… Bilatzen dena ez da errepresioa, zentzumenen kontrola baizik, haien sorburutik beretik” dio Ignacio Castrok.

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Nor ausartuko litzateke, ordea, gure abertzaletasunean euskal selekzioaren eskaria albo batera uztera? Edo kirol profesionalean emakumeek duten leku subordinatua ez salatzera? Nor kiroleko elite profesional pribatuei laguntza publikoak murriztera, edo edozein egunkari edo albistegitatik futbol edo pilota txapelketei buruzko kontakizunak alboratzea? Egia da San Mamesen katedralean hogeita hamar mila lagunetik gora biltzea ohikoa dela, eta horrek “tratamendu informatiboa” eskatzen duela. Baina horren gertakari garrantzizkoak direnez, ez al litzateke komenigarri orain arte kirolaren orrialdeetara bultzatzen diren gertakizunen inguruko informazioa, Politika, Ekonomia edo Kultura arloetara pasa araztea? Eta orriok, Adurizen golez edo pilota txapelketetako kronikez bete beharrean, kirola fenomeno ekonomiko, sozial edo kultural gisara tratatua izatea? Kirol-txartelaren erabileraren errekorrek eta estadioen betekadek mereziko lukete.

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Post-data: Artikulu hau BERRIAko iritzi sailean argitaratzeko igorria izan zen orain hiru hilabete, baina ez dute argitaratu. Bistan da zenbait gaien inguruan marra gorriak ondo marraztuak daudela bertan ere. Orain gutxi, gaiari buruzko eztabaida sustatzeko bi artikulu argitaratu zituzten. Gehiegikeriekin kritiko izan arren, “kirola = osasuna” dogma ukiezina da guztientzat: http://www.berria.eus/eztabaidagela/1863/2016-05-08/osasuna_eta_kirola.htm