COMULGANDO CON RUEDAS DE MOLINO


(Este artículo ha sido publicado por los diarios Naiz http://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/comulgando-con-piedras-de-molino y Diario de Noticias de Gipuzkoa http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2017/01/25/opinion/tribuna-abierta/comulgando-con-piedras-de-molino)

Los compañeros de clero del pederasta Juan Kruz Mendizabal se han manifestado muy afectados por el caso, quejándose de su “sobreexposición mediática”. Resultan elocuentes las palabras del teólogo Joxe Arregi: “Me siento muy cerca de Kakux. Profundamente cerca… Y además está lo que ha significado y significa para la Iglesia guipuzcoana. Y todo lo que ha hecho por ella. Me conmueve, me da infinita pena, imaginarlo en lo más oscuro del abismo. Él y su madre y sus amigos más cercanos. Me pongo en su lugar. Yo no soy mejor que él. Eso leo en el Evangelio de Jesús”.

Pero conviene situar los hechos en el contexto de la historia reciente de la Iglesia Católica. Puede ayudar en ello la revisión de películas recientes de amplia difusión o el documental de TV3 catalana Els internats de la por (“Los internados del miedo”). He vuelto estos días a la irlandesa Los niños de San Judas (2003), la chilena El Club y la norteamericana Spotlight, ambas de 2015. La irlandesa se basa en la historia real de los reformatorios católicos vigentes hasta 1985; la chilena recrea una “casa de retiro” para curas acusados de delitos graves (asesinatos, bebés robados, pederastia…), y la norteamericana reconstruye la famosa investigación del Boston Globe publicada en 2002 que desencadenó una cascada mundial de acusaciones y el replanteamiento de la política católica ante la envergadura de las denuncias. En todas se muestra a víctimas y perpetradores, y no resulta nada difícil identificar sus actitudes y declaraciones con las escuchadas entre nosotros la pasada semana: un niño forzado lo es en cualquier latitud, y el perfil de los clérigos se identifica claramente en nuestro “mundo católico”.

La iglesia guipuzcoana ha hablado tras años de silencio en el momento en que algunas víctimas han expuesto sus casos públicamente. Esto obedece justamente al cambio de la política eclesial tras la “pésima gestión” del caso Spotlight. Han comprendido que conviene saturar los medios con sus declaraciones para minimizar en lo posible el efecto de las declaraciones de las víctimas. El primer comunicado del obispado guipuzcoano antepone siempre la palabra “reverendo” al nombre del cura que ya ha sido condenado por ellos mismos, y utiliza el lenguaje alambicado e intimidante de los juristas eclesiales: “…siguiendo ritualmente el protocolo canónico establecido para tratar estos casos, creó todas las condiciones jurídicas materiales y procesales para que”. O “declaración de culpabilidad del reo y la imposición a este de diversas penas expiatorias ex cann. 1336-1338 CIC y de otras medidas administrativas y disciplinares”. En resumen, manifiesta su pena y solidaridad con las víctimas y pide perdón –ego me absolvo…–, pero también su solidaridad con el desdichado reverendo. El final del texto lleva la marca inconfundible del lenguaje eclesial: “Esta Iglesia particular, en comunión con el Sucesor de Pedro, el Papa Francisco y unida fraternalmente con su Obispo José Ignacio, eleva desde la fragilidad una oración confiada al Señor, implorando con confianza los dones de la justicia, el perdón misericordioso y la paz”.

El obispo Munilla tuvo que tomar la iniciativa ante la publicación de un nuevo testimonio (“los hechos se han precipitado”) y compareció dos días después ante los medios para leer un nuevo comunicado. En él nos explica lo buena que es la verdad para todos y que “estamos ante un problema del que no está exento nadie” para subrayar, a continuación que la Iglesia dispone de su propio sistema judicial “para establecer penas que priven a los fieles de cualquier bien espiritual o temporal (can. 1312 §2 CIC)”, y que dicho sistema se encuentra “entre  los  más  severas en comparación con otras regulaciones penales”. En este caso, el reo condenado por “abuso en grado de tocamientos deshonestos”, ha sido condenado a pasar una temporada en un monasterio y a seguir una terapia “psicológica y espiritual”. La Iglesia, incluso cuando pide disculpas, no puede evitar hablarnos desde su Autoridad, una autoridad que emana directamente de Dios y de una Comunidad Universal y Eterna. Pero, ¿qué dice nuestro “reverendo presbítero” tras casi un año de condena y tratamiento al ser preguntado por los casos de pederastia? “Quiero decir que la Iglesia no ha abordado de manera adecuada estos casos. No lo sé en Euskal Herria, nosotros no conocemos ningún caso de este tipo, pero en Estados Unidos intentaron solucionar el problema con dinero. La consecuencia ha sido que no se ha arreglado nada y además la Iglesia se ha quedado sin dinero. Hay que proteger a las familias y acercarse a ellas sin problemas. Hoy en día, la Iglesia y la Justicia están unidas, pero no hay resquicio para la cooperación”.

Obviamente, el cura que habla así tras su juicio y condena lo hace desde el sentimiento de impunidad que le concede la tradicional omertá eclesial pero, ¿por qué no considerar sinceras sus palabras? El cura pederasta que se enfrenta a las preguntas del jesuita que ha sido enviado por sus superiores a su retiro en la película El Club parece hablar sinceramente: “He experimentado la luz divina en el sexo más abyecto y profundo” o “usted y yo estamos condenados a ser cuerpos deshonestos”. El psicólogo experto consultado en Spotlight afirma que el perfil del clero católico es perfectamente reconocible desde la psiquiatría; que se calcula que la mitad mantiene relaciones sexuales y que un 6% son pedófilos. En cuanto a las víctimas elegidas, también es reconocible su perfil: pobres, desprotegidos, de familias debilitadas…

Los escándalos de Irlanda y Boston son los que mayor repercusión mediática han tenido en las últimas décadas. Los del país más católico del norte europeo resultaban tan abundantes y escandalosos que el gobierno se vio obligado a crear una comisión de investigación que necesitó diez años para redactar su informe. Éste fue publicado en 2008, aceptando las condiciones de la Iglesia católica irlandesa. Entre otras, la de no publicar los nombres de los implicados. El informe habla de 25.000 víctimas; de 400 religiosos y 100 seglares implicados. Tras estas publicaciones, el Vaticano se vio desbordado por las denuncias que siguieron: más de 6.000 en una década, más de 1.000 curas expulsados.

Resulta muy significativo que no se hayan producido investigaciones de esta índole en los países más católicos del sur de Europa y América: una verdadera muestra de nuestra “catolicidad”. Sin embargo, cualquiera de cierta edad que haya pasado su infancia y primera juventud en internados o instituciones católicas ha sido testigo de abusos físicos de todo tipo. Y son muchos entre los nacidos a mediados del pasado siglo, sobrevivientes a un sistema de terror en el que intentamos proteger nuestro núcleo más íntimo. Nuestra marca es también fácilmente reconocible: se nos notan las consecuencias de tal esfuerzo, obligados en un medio extremadamente hostil y perverso, a elegir entre los golpes y las agresiones sexuales en las condiciones de vulnerabilidad y soledad propias de nuestras infancias. Cuando lo peor de aquello pasó, veíamos cómo los agresores permanecían impunes.

El País Vasco destaca por su mayor proporción de colegios católicos en relación a otros territorios vecinos. El sistema concertado con el Estado hace que los sueldos de los profesores de dichos colegios sean pagados por el gobierno, entre otras ayudas. No hablaré aquí de los privilegios fiscales o las inmatriculaciones, pues hablamos de otra dimensión, aunque los dos ámbitos estén relacionados. A pesar de ello, para Urkullu el reciente escándalo concierne estrictamente al ámbito eclesiástico –estaba casualmente de visita en el Vaticano cuando fue preguntado.

Es indudable la influencia y el poder de la Iglesia católica, y el alboroto de los días pasados debería permitirnos fijarnos por un momento en sus raíces e implicaciones: una institución que ha monopolizado secularmente el ministerio del perdón ha creado, en primer lugar, un sistema inmune a cualquier responsabilidad; su grado de impunidad ha sido y es casi absoluto. Es por eso que se muestran tan afectados estos días denunciando el “linchamiento mediático” a que se ven sometidos. Como decía, sus jefes han aprendido de la mala gestión anterior, y utilizan su enorme influencia para imponer su discurso sobre el testimonio de las víctimas. No es casual que el obispo Munilla sea presidente de la “Comisión de Comunicaciones Sociales” de los obispos europeos. Sus palabras en la homilía del pasado domingo resumen bien su posición: “¡Es profundamente injusto que la entrega de toda una vida a la causa del Evangelio y al servicio de los más necesitados, se vea puesta en cuestión por la sospecha que genera la traición de un compañero!”. Llevan décadas de cruzada contra lo que consideran perversiones sexuales, denunciando “la degradación de la sociedad” que permite el divorcio, la homosexualidad, los anticonceptivos o el aborto, en nombre de la defensa del evangelio de Jesús de Nazaret. Pero lo cierto es que en esos textos no se especifica una doctrina sobre dichos temas. Sí se habla, sin embargo, de la pederastia: “Es inevitable que haya escándalos. Pero, ¡ay de quien escandalizara a un niño! Más valiera que le atasen al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar” (Luc. 17, 1-2). No he escuchado de su boca esta cita tan aclaratoria ni una sola vez en estos días, acostumbrados como están a darnos de comulgar con piedras de molino.




ERROTARRIA LEPOAN


(Artikulu honen bertsio laburrago bat argitaratu du BERRIAk 2017ko urtarrilaren 17an)

Mendizabal abade pederastaren kasua dela eta, “gehiegizko zabalkunde mediatiko” baten barruan gaudela diote bere klerokideek. Ezin dutela burutik kendu, eta hori ez omen da sanoa. “Kakuxen oso hurbileko sentitzen naiz, sakonki hurbil” dio Joxe Arregi teologo ezagunak: “Gipuzkoako elizarentzat egin duen guztiarekin, horrentzat suposatzen duenarekin. Amildegiaren sakonenean imajinatzen dut, eta pena infinitua sentitzen dut beragatik, eta baita bere ama eta adiskide hurbilekoengatik ere. Ni ez bainaiz bera baino hobea, hori da Jesusen ebanjelioan irakurtzen dudana”.

Burutik kendu ezinik nabilenez, neu ere, ariketa batean murgildu naiz egunotan: entzun eta irakurri ditut biktima eta apezen hitzak, sentitzen dudan amorruaren barne-burrunbari eutsiz, eta zintzotzat hartu batzuenak eta besteenak. Horrekin batera, berriro ikusi ditut azken urteotan erreferentziazko ditudan hainbat pelikula: 2003ko Song for a Raggy Boy (hegoaldean, Los niños de San Judas), eta 2015eko El Club eta Spotlight. Irlandan 1985a arte indarrean egon ziren erreformatorio katoliko bateko gerra osteko giroa erakusten du lehenak, Txilen delitu larriak egindakoen apaizentzat “erretiro etxea” bigarrenak, eta Boston hiri katolikoko pederastia sarea argitara atera zuen kazetari ikerketa hirugarrenak. Gurean bezala, hiruretan agertzen dira biktimak eta borreroak, baita gehiengoa osatzen dugun ingurukoak ere; sentimendu kontrajarriz zeharkatuak, normalean. Ez zait batere zaila egin pelikula hauetako protagonisten hitzak eta gure artekoenak erkatzea. Haur bat bortxatzea gauza bera baita nonahi, eta XX. mendeko elizaren soslaia guztiz errekonozigarria gurea bezalako “mundu katolikoan”.

Urte luzeetako isiltasun eramangaitzaren ondoren biktimek publikoki hitz egitea erabaki dutenean etorri dira Gipuzkoako Elizaren hitzak, haienak baino askoz leku handiagoa hartuz. Elizbarrutiaren lehen agirian “reverendo” diote beti pederastiaz kondenatutakoaren izena esaterakoan, eta gainontzeko diskurtso hanpatua eta korapilatsua, lege-gizonen eta epaileen tankerakoa da: “…siguiendo ritualmente el protocolo canónico establecido para tratar estos casos, creó todas las condiciones jurídicas materiales y procesales para que”. Edo “declaración de culpabilidad del reo y la imposición a este de diversas penas expiatorias ex cann. 1336-1338 CIC y de otras medidas administrativas y disciplinares”. Laburbilduz: pena eta atsekabea sentitzen du elizak eta barkamena eskatzen du –ego me absolvo…–, eta elkartasuna biktimekin eta baita reverendo gizajoarekin ere. Lehen komunikatuaren azken hitzak: “Esta Iglesia particular, en comunión con el Sucesor de Pedro, el Papa Francisco y unida fraternalmente con su Obispo José Ignacio, eleva desde la fragilidad una oración confiada al Señor, implorando con confianza los dones de la justicia, el perdón misericordioso y la paz”.

Baina hori dena ez zen nahikoa izan eta “gertakariak azkartzen” ari zirenez (hots, biktima gehiago ari zenez gertatutakoa hitz xume eta garbiz kontatzen) medioen aurrean azaldu behar izan zuen obispoak, bigarren komunikatu bat irakurtzeko: Egia ona omen da denontzat eta inor ez omen dago kontu larri hauez libro. Baina bi ñabardura egin zituen: Elizak sistema juridiko propioa du (“para establecer penas que priven a los fieles de cualquier bien espiritual o temporal –can. 1312 §2 CIC–”), eta sistema hori gogorrenetakoa da adin txikikoen gaineko abusuak zigortzerakoan. Kasu honetan (“abuso en grado de tocamientos desonestos”), monasterio batean bolada batez bizitzeko eta “terapia psikologikoa eta espirituala” jarraitzeko obligazio zorrotza izan dira ezarritako zigorrak. Elizak bere Agintetik hartzen du Hitza, Jainkoaren eta Komunitate Unibertsal Eternal batetik, baina zer dio ia urte bete terapian dagoen presbitero agurgarriak? “Nik uste dut gai hori gainetik pasatu dela. Esan gura dut Elizak ez duela behar bezala abordatu, zaurituekin eta minduta daudenekin elkarrizketan… Ez dakit Euskal Herrian, guk horrelakoak ez baititugu ezagutzen, baina AEBetan saiatu ziren arazoa diruz konpontzen. Eta ondorioa izan da ez dela ezer konpondu eta, gainera, Eliza diru barik gelditu dela. Maila horretan babesa eman behar zaie familiei eta hurbiltasuna arazo barik eskaini. Gaur egun Eliza eta epaileak bat eginda daude eta ez dago zirrikiturik elkarri laguntzeko”.

Hitzok bere kasua epaitua eta kondenatua izan ondoren eta gordeta jarraituko zutelako inpunitatearen ziurtasunetik esandakoak dira, nola bestela, baina zergatik ez hartu zintzotzat? El Club pelikulako pederasta horrela ari zaio epaitu nahi duen jesuitari dioenean: “sexu doilor eta sakonenean bizi izan dut nik Jainkoaren Argia” eta “[apaizok] kondenatuak gara gorputz likitsak izatera”. Spotlight-eko psikologo adituak, berriz, apaizena “fenomeno psikiatriko antzemangarria” dela adierazten du, erdiak sexu harremanak dituztela esplikatuz, eta %6k direla pedofiloak. Aukeratutako haur biktimei dagokienez, guztiz errekonozigarriak direla hauek ere: txiroenak, babesgabeenak, familia ahulenetakoak…

Bostoneko eta Irlandako eskandaluak izan dira sonatuenak azken hamarkadetan: Europa iparraldeko lurralderik katolikoenean hain ziren larriak eta ugariak kasuak, gobernu-komisio bat eratu behar izan zuten ikertzeko. Hamar urte behar izan zituen lantaldeak, eta 2008an argitara eman zuen txostena. Elizak kolaboratzeko jarri zuen baldintzen artean, hau nagusia: inplikatuen izenak ez argitaratzea. Informea 25.000 biktimez ari da, 400 erlijioso eta 100 laiko akusatuez. AEBetako eta Irlandako ikerketen harira, uholdea hauspotu zen, eta Vatikanoak 6.000tik gora salaketa jaso ditu hamarkada batean, eta milatik gora abade kaleratu.

Zer dela eta halako ikerketarik ez izatea Europa eta Amerika hegoaldeko lurralde ezin katolikoagoetan? Ez al da hori bera “gure katolikotasunaren” ezaugarri nabarmena –protestanteekin alderatuz, kasu honetan–? Adin batekook ondo dakigu bortxa fisikoa eta orain abusu sexual gisa izendatzen dugun hori ohikoak zirela kolegio katolikoetan, eta asko baino gehiagotan bien artean aukeratu behar izaten genuela haurrok. Marka hori daramagu barnetegi katolikoetan haurtzaroa eta lehen gaztaroa bizi izandakook, eta asko gara joan den mendearen erdialdean jaiotakoen artean. Marka horren ezaugarriak: terrorea lege egiten duen sistema baten barruan, gure muin intimoena zaintzen egindako ahalegina eta horren ondorioak. Hitz gutxitan esanda: jipoien eta laztan likitsen artean aukeratu behar izatera behartuak izan ginen asko, haur eta gaztetxo batek berezko duen babesgabetasunean eta bakardade handian. Abade sadiko lizun nabarmen horiek lasai asko ibiltzen ziren eta dabiltza kaleetan gerora, eta euskal herrietan, ingurukoetan baino dezente ikastetxe katoliko gehiago ditugu oraino –haien irakasleen soldatak diru publikotik ordainduak direlarik, besteak beste–. Ez naiz hemen sartuko, ordea, Elizaren pribilegio fiskalekin edo inmatrikulazioekin, beste maila bateko gaia baita honakoa –Urkulluren esanetan, “Elizaren barne kontu bat”–.

Eliza Katolikoaren ahala eta haren arrastoa sakona da oraino, eta egunotako harrabotsak balio dezake hainbat kontu bere gordintasunean une batez begiratzeko: betiko bakarmenaren ministerioa mendeetan zehar monopoliziatu duen instituzio batek, lehenik eta behin, bere burua inmunizatu du edozein arduratik, inpunitate ia erabatekoan. Horregatik dabiltza horren aztoratuak egunotan, baita “lintxamendu mediatikoa” salatzen ere. Azkar ikasi dute azken hamarkadetako pederastia eskandaluetatik eta ekimena berea behar duela ulertu, ez biktimena. Komunikatuak eta agerraldiak egunero; iritziak eta kexuak. Munilla obispoak igandeko homilian laburbildu zuen: “Guztiz injustua da bizitza oso bat eman ondoren ebanjelioaren eta behartsuenen zerbitzuan, hori dena zalantzan jartzea kide baten traizioagatik”. Urteak daramatzate “sexu perbertsioen” salaketa obsesiboan, “jendartearen degradazio erabatekoaren” aurkako gurutzadan: dibortzioa, homosexualitatea, sexu askatasuna, abortoa… Nazareteko Jesusen ebanjelioaren izenean, baina testu horietan ez da ezer zehatzik aipatzen gai horiei buruz, bai ordea pederastiaz: “Nahitaezkoak dira eskandaluak, baina haur bat eskandalizatzen duena, hobe luke errotarri bat lepoari lotu eta itsasora bolako balute” (Luk 17, 1-2). Ez ditut hitz horiek aipatuak entzun inon egunotan.

PD. Artikulu hau burutu ostean aukera izan dut Montse Armengouren eta Ricard Belisen Kataluniako TV3rako egindako dokumentala ikusteko (Els internats de la por “Beldurraren barnetegiak”). Kontakizun izugarri horien artean non entzuten dut Errenterian milaka haurrek ezagutu genuen salestar baten izena: on Porfirio Castro (38. minutuan kontatzen dituzte haren balentriak Madrilen, Don Boscora “ikasketa zuzendari” gisa etorri aurretik, nonbait).